La fábrica de cosechadoras Vassalli enfrenta impagos en Firmat
En la ciudad santafesina de Firmat, la situación en torno a la fábrica Vassalli se vuelve cada vez más tensa. Esta planta, reconocida por ser emblema de la industria nacional, se encuentra actualmente en paro técnico y asambleas permanentes que han paralizado la producción. La bronca entre los trabajadores es palpable, sobre todo por la falta de pago: la empresa debe salarios desde julio, el medio aguinaldo y los aumentos paritarios, y todo indica que también incumplirá con los pagos de agosto.
Recientemente, en una audiencia convocada por el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, los empresarios no se hicieron presentes. En lugar de eso, enviaron una nota firmada por la abogada María Florencia Arietto, quien acusó al sindicato de tomar medidas indebidas. Sin embargo, UOM Firmat, bajo la conducción de Diego Romero, rechazó esta postura y sostuvo que la empresa había “desaparecido” de la mesa de negociación, dejando a más de 280 operarios en una situación crítica.
Un conflicto con efecto dominó en la comunidad
El impacto de este conflicto se siente no solo en la fábrica, sino en todo Firmat. Cada trabajador acumula una deuda cercana a $3 millones, en una localidad que depende de los ingresos de la planta para sostener su economía. La ausencia de la empresa en las negociaciones suma tensión a esta problemática, que ya ha derivado en quema de cubiertas, retenciones de tareas y asambleas diarias en los accesos a la planta. Este viernes se espera una nueva audiencia en Rosario del Ministerio, que podría ser clave para resolver esta situación.
Por otro lado, Vassalli enfrenta serias alertas financieras. Según registros del Banco Central, la empresa tiene cheques rechazados por más de $12 millones desde el año pasado y deudas con cargas sociales. Los trabajadores han denunciado que los sueldos se vienen pagando en cuotas y con demoras desde 2024, lo que ha afectado gravemente su poder adquisitivo.
De emblema nacional a símbolo de crisis recurrentes
Fundada en 1949 por Roque Vassalli, esta empresa llegó a producir más de mil cosechadoras anuales, compitiendo de igual a igual con multinacionales del sector. Sin embargo, en la última década se ha visto atrapada en un ciclo de cierres, reaperturas y cambios de dueños. En 2020, pasó a manos de Esteban Eskenazi y Matías Carballo, quienes la administraron a través de un fideicomiso. La crisis macroeconómica y la sequía de 2023 llevaron a ponerla en venta, concretándose en enero de 2024 cuando Eduardo Marsó, empresario entrerriano, compró la compañía por u$s8 millones.
Marsó prometió una inversión de u$s4 millones para reactivar la planta y “devolverle protagonismo” en el mercado. Sin embargo, esas promesas se enfrentan hoy a la dura realidad de una fábrica sin capital de trabajo, con ventas en retroceso y sin un plan de producción claro a la vista.
El conflicto en Vassalli no solo se explica por la situación interna de la empresa. El mercado de maquinaria agrícola también atraviesa caídas en la financiación, competencia creciente de equipos importados y volatilidad en la demanda. Según la Asociación de Concesionarios (Acara), en julio se patentaron solo 53 cosechadoras, un 7% menos que en el mismo mes de 2024, aunque el acumulado del año muestra un aumento del 54,5% interanual. Este crecimiento ha beneficiado sobre todo a multinacionales como John Deere, Case IH y New Holland, mientras que firmas nacionales como Vassalli siguen perdiendo terreno.
En Firmat, los trabajadores se hacen eco de una frase que refleja su deseo: “solo queremos trabajar y cobrar.”